sábado, 12 de marzo de 2016

Carta de postres de instantes amargos



Un corte de personalidad muerta, nuevas briznas de actitud que brotan del cerebro iluminando ideas, haciendo encajar engranajes. Una canción de amor rápido, de esos amores que terminan cuando rompe la noche, una idea que cruza cabello abajo, una carta formal para encontrarnos desnudos, unas risas, algún juego...mejor será que nos cortemos el pelo.

Las canciones de siempre y las ganas de vivir de nunca. Una voz que ansias escuchar en directo, unas manos que quieres que te acaricien la espalda río abajo y te cosquilleen el mundo dejándote ver la piel que antes resentida, va relajándose al paseo de tus dedos sobre mi mapa de huellas.

Un, dos, tres,.. todas las letras que he escrito restan guardadas en este lugar volátil. Cuatro, me miras y tu voz empieza a tararear melodía abajo como cuando el médico del dolor te cuenta un secreto de los de antes, de los que ya no existen, de esos que guardabas cincuenta años y no parecían suficientes para contarlos a tus más allegados.

Cinco, Sadness me dice que se me cansaran los brazos si no empiezo ha hacerte el amor, sí eso, deberíamos dejar de tener sexo seis días de los siete que tiene la semana. Ocho minutos para el próximos bus, mejor voy andando los nueve kilómetros que jamás haré corriendo para fundirme en tus brazos y dejarme abrazar diez veces.

Mas seré egoísta once veces más, la de hoy solo ha sido la once más uno. Y en el trece estadio de tu corazón estoy intentando construirme una habitación en la que vivir. No tendrá catorce rayos de Sol al día, ni la luz de quince estrellas iluminando mi espacio más tan solo habrá aire para respirar dieciséis gramos de amor, los otros diez los tiene tu alma.

25 veces se me van ha caer los auriculares mientras escuche tus canciones, jamás me los volveré a poner, prefiero oír como cantas en mi cama cuando me haces cosquillas veintiséis veces mientras me quejo muy fuerte las 27 palabras que consigo expresar mientras veintiocho aspiraciones salen de mi corazón para llegar a ti y besarte fuerte.

Allí, en el número veintinueve de donde el viento sopla siempre del norte, allí, en la ciudad que me arropa en invierno.

Por un buen fin de semana,
Besitos, M'.