El amor sin fronteras

Hoy no hay palabras bonitas, solo crudeza, solo realidad chocando contra la verdad que construirnos un día y que hoy se destruye. Me parte el alma, siento mi corazón haciéndose pedazos cuando escucho como tus lágrimas resbalan sobre mi ropa a los pies de la cama.


Sí, hay algo peor que qué te rompan el corazón, que se lo rompan a quien amaréis incondicionalmente por sobre de las barreras del tiempo y la racionalidad. Joder…llegas y sólo quiero abrazarte, ayer te oí hablar a través del teléfono y conseguí retener las lágrimas hasta que colgamos, pero sé que hoy no podré.

Te sientas al borde de la cama e intento abrazarte, y aunque sabes que vas a explotar en lágrimas de dolor me permites que te rodee con los brazos. Me acerco a ti y te acaricio la espalda mientras veo cómo te rompes en pedazos, joder tu solías ser el de hielo en casa y hoy…no puedo verte así y las lágrimas me atraviesan la cara cayendo sobre tu cuello.

Lo sabes, sabes que estoy llorando y un quejido desde el fondo del corazón se te escapa por la boca. Me pides que no llore y yo solo puedo estrujarme el corazón para intentar -por una vez- ser yo la fuerte. 

Te escucho, intento entender y cuando creo que no podré sentir más dolor por ti, me dices que no entiendes como se puede amar tanto a alguien y aun así romperle. Sí, lo sé. Has jugado y ahora ya no hay marcha atrás, acabas de entrar en el mundo del amor, un juego solo apto para vencedores. Ahora no entiendes porque seguimos jugando, porque seguimos haciendo girar la ruleta, enamorándonos en cada esquina de la ciudad. Pero todos sabemos que no hay partida más adictiva que la que ofrece el amor.

Cuatro palabras mal dichas salen de entre mis labios mientras mi lengua intenta recuperar la cordura y me acojona pensar que el amor deje de ser para ti el maravilloso y tedioso perfume que es para mí, ese estado al que te vuelves un neurótico por tener, que te llena cuando lo cuidas y te vacía sin aviso.

Extrañar será ahora tu pan de cada día, la confusión son solo los entrantes y es posible que la tristeza te invada durante el primer plato. Pero te prometo, que cuando termines el segundo plato entenderás porque el postre es el último plato de una buena cena junto al amor. Que el mundo se abre a tus pies para que saltes a él y te rompan el corazón diez veces más solo para que media vez más sientas lo que ahora crees que jamás volverás a sentir en la vida.






Te juro que se pasa Shiro.
A quienes lloraron su primer amor.

Besitos, M.