miércoles, 19 de abril de 2017

Fugaz modernidad

Antes de hablar sobre lo que hoy me concierne quiero contaros algunos cambios que tendrán lugar en el blog: cada jueves, tendréis nueva entrada porque me apetece, porque me despeja y porque quiero ofrecer una rutina en este caos. Además, tendréis algunas entradas cortas y esporádicas los domingos sobre pequeñas cosas que no quiero dejar de hablar como noticias que llaman la atención, moda o pinceladas de algún tema que será desarrollado con posteridad. Ahora sí, bienvenidos.



Me encuentro en una época, en un entorno cambiante, que va radicalizándose día a día y en medio del caos que construimos con ganas, me pregunto cómo nos condiciona la fugacidad en la que vivimos a nuestras relaciones más íntimas, las que escogemos, las que disfrutamos.
Quien hace tiempo que me lee sabe que este es no solo un tema que me preocupa, sino que es un tema recurrente entre mis publicaciones. Mantener una relación nunca fue fácil, no es nada nuevo, lo que sí es nuevo es que ahora en lugar de aguantar y seguir decidamos pasar a lo próximo esperando entusiastas que vendrá ahora. Aún más, ahora ya pactamos al inicio las vías de escape más sencillas que se pronunciaron para poder pasar a algo más interesante que lo que tenemos entre manos.

Nos hemos educado en el sistema del entretenimiento absoluto, dónde el hedonismo de uno mismo pasa por encima de todo lo demás. Es muy fácil materializar ese hedonismo cuando tenemos cada vez más opciones, más oportunidades, pero en un lugar en el que nadie nos ha enseñado como se gestionan esa libertad de escoger entre múltiples caminos, básicamente porque dudo que nadie sepa cómo se gestiona la libertad cuando hablamos de sentimientos.

Cuando pienso en lo fuerte que intentamos que las cosas nos salgan bien, cuando pienso en todas las veces que fracasamos y nos sentimos terriblemente mal, patéticos, fracasados por no haber sido capaces de mantener una relación caigo en la cuenta de la presión que aplicamos sobre nuestros sentimientos. ¿Será por eso que solo amamos sin frenos la primera vez?

Lo que quiero decir es que: queremos relaciones largas, duraderas y estables creando recuerdos de soltero (que dicen son los mejores), queremos sentir la máxima expresión de amor cada día sin que un día vaya a menos, lo queremos todo, después no queremos nada y hay un momento que dejamos de saber que queremos. Y encima, no rechistamos, no hablamos, no nos comunicamos, preferimos pasar a lo siguiente ¿qué somos, amorfos?

A los que hicieron largos viajes 
para reencontrarse con sus seres queridos.

Besitos, 
M.