domingo, 28 de mayo de 2017

El dedo anual de la mano izquierda

"Donde el frío no se atreve a entrar, dónde sueña con colarse entre nosotros pero siempre sin éxito. Dónde la noche es solo un paso más del día, una excusa para seguir amándonos con cariño, dónde el amanecer es un momento perfecto en la eternidad para darte pequeñas muestras de amor en la espalda y decirte buenos días mientras las luz ilumina ténuemente la cama y tu te remueves entre las sábanas" -

Toc-toc (llaman a la puerta).

Es el frío que no se atreve a entrar y helarnos el corazón. 

¿Qué pasa, no viene?

Dice que sueña con colarse entre nosotros pero nunca tiene éxito 

¿Qué pretende, quiere un lugar en nuestra cama llena de dudas?

Ronronea que la noche es fría, fría incluso para él y que cada día queda un día menos para que se marche; que el Sol le ha dicho que ya no hay excusas, que si él no puede acabar con vuestro amor, almenos quiere tener un pretexto para ver como os seguís amando con cariño. 

¿Porqué cree el Sol que el frío no puede destruirnos? no somos tan fuertes.

Porque vuestra pasión comienza donde aparece el amanecer, en un punto exacto de la eternidad que se filtra por la ventana para dejarnos ver a los mortales vuestros pequeños atisbos de amor que demuestran una profundidad vertiginosa

¿Entonces, porque quiere el Sol ver como pierde la partida y nosotros ganamos?

Ha decidido que prefiere deciros buenos días iluminando ténuemente la cama para que te remuevas bajo su calor y así sienta que, al menos, forma parte de lo que nunca pudo destruir. 


Besitos, M'

miércoles, 24 de mayo de 2017

Tiene: una caricia nueva



Por las caricias en la piel, que son las qué cuentan. Por las palabras susurradas en la oreja y los besos cuando tocamos labios, por las almas conectadas, por volver a ser eternos.




Cuando creímos que la piel puede ser tocada a través de la pantalla, cuando pensamos que estar es contestar rápido los mensajes, en que momento nos dejamos convencer por la fugazidad de los acontecimientos y creímos que se podía hacer el amor por teléfono.




Cómo confundimos el ejercio imaginativo de hacer corrernos las neuronas con derramar pasión en el cuerpo del otro. En qué instante nos dejamos llevcar por la frialdad y dejámos de acariciar la delicada fragilidad que nos recorre a todos tras los muros del tejido epitelial. 


Donde empezaron las discusiones a través de palabras escritas y las charlas por teléfono, sin vernos las caras. Cuando se nos pasó por la cabeza ir a virir juntos si aún juntos estamos a pantallas de distancia.

 Algunas veces creímos oir nuestras voces, pero fue sólo en nuestras cabezas porque ya no necesitamos hablarnos a la cara teniendo un teclado y una pantalla. 

Y yo, un fiel del teclado, una amante de blogger casada con decir las cosas haciendo ruido y decir la verdad sólo por aquí, me despierto pensando en ¿qué coño estamos pensando? 

¿Cuando pensamos que podríamos hacernos el amor con palabras si no son susurradas al oído en la cama que nos espera? No hace falta que nos desnudemos, pero vamos ha hacerlo igual para escuchar como mis dedos recorren tu espalda y se te eriza el vello, para ver como te retuerces de placer y te rascas las ganas de tenerme.

 Dejemos de finjir que los mimos se piden por mensajería instantánea y que estamos con los demás cuando contestamos a tiempo las llamadas o damos likes al culo de alguien. No estamos, finjimos estar todo el rato y nos ofendemos cuando alguien nos da a entender que nunca estubimos...no te ofendas, eres tu siendo hipócrita.

Las caricias, directas al corazón.
Besitos, 
M'

domingo, 7 de mayo de 2017

Banzai, el libro de Zofia Fabjanowska-Micyk

Primero, ¡feliz domingo! Espero que hayan tenido una bonita semana y que los días despejados empiecen a sonreírles cuando salgan cada mañana camino al trabajo o a la universidad. Hoy, quiero hablarles de Japón, un país y una cultura desconocida para mí (de ahí mi tardanza en publicar esta semana), así que sin más dilación…BANZAI.


En Japón o Nippon como ellos le llaman, las festividades tienen un patrón guiado por el cambio en las estaciones lo cual ya me resulta fascinante. No hay motivos religiosos sino estacionales para celebrar los matrsuri. Como por ejemplo, el hanami (mi favorito): un gran picnic bajo los cerezos japonense llamados sakura o la fiesta del crisantemos de dieciséis pétalos (la insignia del emperador).



Nebuta Matsuri

O el Doya Doya Matsuri, un desfile de gente medio desnuda en el frío invierno, por no hablar del Yuki Matsuri en la nieve de Sapporo. En cierta forma, me recuerda a cuando comíamos solo lo que el campo nos proporcionaba en función del mes y no nos dejábamos engañar por el caprichoso mercado de la vida “sana”.

Hay otra cosa que me fascina de Japón, la educación llevada a los extremos más cotidianos. Recientemente he estado teniendo contacto con el país nórdico por excelencia y ya no sé si es que los únicos que no cuidamos los modales y la educación somos los españoles o es que ellos nos llevan años de ventaja en eso de la cortesía. Aún con todo ello, ¿os imagináis a un japonés farfullando guarradas en una cama? Yo no, no después de haber leído que es impensable hablar igual a amigos, padres, mucho menos al emperador. Los protocolos me fascinan y la casa real inglesa llegó a impresionarme en su día, pero la cultura japonesa, sus ritos, son la cúspide de lo protocolario.



Por lo poco que he leído aún, hay algo que me llama enormemente la atención y son las falsas creencias que tenemos los occidentales de los países asiáticos. Me conmueve como creemos que quienes hacen perfectas imitaciones son los chinos cuando, leyendo, me entero que quien puso al país el nombre de El País del Sol Naciente fueron los chinos pues veían cada día salir el Sol por el lado de Japón. Por no hablar que la base del alfabeto japonés es el chino, aunque más tarde, los japoneses decidiesen que necesitaban más símbolos y un abecedario de sílabas para construir sus palabras. Lo cierto pues, es que la competencia entre los dos países está más en la mente de los occidentales que en la cultura oriental pues ambos países se beneficias mutuamente de amplios rasgos culturales, aunque cada uno lo moldee a su manera. 

Kioto. Una de las antiguas capitales de Japón.

Es siempre fascinante descubrir formas de vivir diferentes y yo, tengo que seguir leyendo sobre formas de vida muy dispares a la mía para encontrar pinceladas de perfección que hayan de mi forma de vivir la mejor para llenar mi alma que siente hambre por amor a la curiosidad.

Itte kimasu.
Besitos, M'