domingo, 7 de mayo de 2017

Banzai, el libro de Zofia Fabjanowska-Micyk

Primero, ¡feliz domingo! Espero que hayan tenido una bonita semana y que los días despejados empiecen a sonreírles cuando salgan cada mañana camino al trabajo o a la universidad. Hoy, quiero hablarles de Japón, un país y una cultura desconocida para mí (de ahí mi tardanza en publicar esta semana), así que sin más dilación…BANZAI.


En Japón o Nippon como ellos le llaman, las festividades tienen un patrón guiado por el cambio en las estaciones lo cual ya me resulta fascinante. No hay motivos religiosos sino estacionales para celebrar los matrsuri. Como por ejemplo, el hanami (mi favorito): un gran picnic bajo los cerezos japonense llamados sakura o la fiesta del crisantemos de dieciséis pétalos (la insignia del emperador).



Nebuta Matsuri

O el Doya Doya Matsuri, un desfile de gente medio desnuda en el frío invierno, por no hablar del Yuki Matsuri en la nieve de Sapporo. En cierta forma, me recuerda a cuando comíamos solo lo que el campo nos proporcionaba en función del mes y no nos dejábamos engañar por el caprichoso mercado de la vida “sana”.

Hay otra cosa que me fascina de Japón, la educación llevada a los extremos más cotidianos. Recientemente he estado teniendo contacto con el país nórdico por excelencia y ya no sé si es que los únicos que no cuidamos los modales y la educación somos los españoles o es que ellos nos llevan años de ventaja en eso de la cortesía. Aún con todo ello, ¿os imagináis a un japonés farfullando guarradas en una cama? Yo no, no después de haber leído que es impensable hablar igual a amigos, padres, mucho menos al emperador. Los protocolos me fascinan y la casa real inglesa llegó a impresionarme en su día, pero la cultura japonesa, sus ritos, son la cúspide de lo protocolario.



Por lo poco que he leído aún, hay algo que me llama enormemente la atención y son las falsas creencias que tenemos los occidentales de los países asiáticos. Me conmueve como creemos que quienes hacen perfectas imitaciones son los chinos cuando, leyendo, me entero que quien puso al país el nombre de El País del Sol Naciente fueron los chinos pues veían cada día salir el Sol por el lado de Japón. Por no hablar que la base del alfabeto japonés es el chino, aunque más tarde, los japoneses decidiesen que necesitaban más símbolos y un abecedario de sílabas para construir sus palabras. Lo cierto pues, es que la competencia entre los dos países está más en la mente de los occidentales que en la cultura oriental pues ambos países se beneficias mutuamente de amplios rasgos culturales, aunque cada uno lo moldee a su manera. 

Kioto. Una de las antiguas capitales de Japón.

Es siempre fascinante descubrir formas de vivir diferentes y yo, tengo que seguir leyendo sobre formas de vida muy dispares a la mía para encontrar pinceladas de perfección que hayan de mi forma de vivir la mejor para llenar mi alma que siente hambre por amor a la curiosidad.

Itte kimasu.
Besitos, M'